Oliver Twist
Oliver Twist —¡Dé usted gracias al Cielo, señorita, que la ha rodeado de personas buenas y cariñosas que la cuidaron solÃcitas en su infancia y han velado siempre por usted, no la han dejado expuesta al frÃo y condenada a los rigores del hambre, la han aislado de la depravación, de la borrachera… y de otras cosas mil veces peores, que han sido los compañeros de la mÃa, el ambiente que desde que vine al mundo he respirado, las brisas que oreaban mi frente ya cuando estaba en la cuna! ¡Nadie podrá decir con mayor propiedad que yo que el fango del arroyo fue mi cuna y que el fango del arroyo será mi lecho de muerte!
—Me apena oÃrla hablar asà —contestó Rosa con voz conmovida.
—Dios la bendiga por su bondad —repuso la muchacha—. Más me compadecerÃa, aún asÃ, supiera quién soy y lo que en algunas ocasiones sufro. Pero, vamos a mi asunto; me he escapado de entre los que sin piedad me asesinarÃan si llegaran a saber que he venido aquÃ, y me he escapado para revelar a usted un secreto terrible que acabo de sorprender. ¿Conoce usted a un individuo llamado Monks?
—No —respondió Rosa.
—Pero él la conoce a usted y sabe donde vive, pues si yo he podido presentarme en esta casa, es porque a él le oà las señas.