Oliver Twist
Oliver Twist —¿Qué ocurrió anoche?
—Es lo que voy a decir a usted, señorita. Volvió anoche ese hombre, y, repitiendo lo de la vez anterior, subió con FajÃn al piso alto de la casa. Envuelta yo en forma que no fuera probable que me vendiera mi propia sombra, escuché pegada a la puerta. Las primeras palabras de Monks fueron éstas: «En consecuencia, lo único que podrÃa probar la identidad del muchacho está en el fondo del rÃo y la bruja que recibió las pruebas de la madre se está pudriendo bajo tierra». Soltaron los dos la carcajada después de pronunciadas las palabras anteriores, se vanagloriaron de haber dado un golpe que ponÃa los laureles de la victoria en sus manos, y Monks, hablando del muchacho cada vez con mayor fuego y entusiasmo, dijo que si bien era cierto que ya podÃa hacerse dueño de la fortuna de aquel diablillo sin riesgo alguno, preferÃa apelar al otro procedimiento que echarÃa por tierra el estúpido testamento de su padre, a cuyo objeto era preciso arrastrar al muchacho de cárcel en cárcel y terminar echando sobre él la responsabilidad de un crimen penado con pena capital, lo que para FajÃn serÃa cosa sencillÃsima conseguir y le valdrÃa un buen premio.
—¿Pero qué me está usted diciendo? —preguntó Rosa.