Oliver Twist
Oliver Twist —La verdad, señorita, la pura verdad, aun cuando salga de unos labios como los mÃos —contestó Anita—. Añadió luego, entre maldiciones y blasfemias a las que a mis oÃdos están por desgracia demasiado habituados aunque hubiesen escandalizado a los suyos, que si le hubiera sido dado satisfacer su odio arrancando la vida al muchacho sin riesgo de su pescuezo, lo habrÃa hecho con el mayor placer, pero que como semejante solución llevaba aparejados graves peligros, estaba resuelto a vigilarle de cerca, a seguirle paso a paso, y si algún dÃa averiguaba que el muchacho se proponÃa aprovechar en su favor las ventajas que le daban su nacimiento y su historia, concluirÃa con él sin remordimiento. «En una palabra, FajÃn —añadió— por judÃo que usted sea, yo le juro que en su vida ha tendido redes tan admirables como las que yo tendré a mi buen hermanito Oliver»
—¡Su hermano! —exclamó Rosa.
—Tales fueron sus palabras —repuso Anita, tendiendo alrededor sin cesar miradas de espanto como si temiera ver aparecer en todo momento a Sikes—. Y no es eso todo.