Oliver Twist
Oliver Twist Cuando habló de usted y de la otra señora y dijo que no parecÃa sin que el Cielo, o mejor dicho los demonios del infierno habÃan tenido extraño capricho de poner al muchacho en sus manos, sin duda para hacerle rabiar a él, terminó asegurando, entre horribles carcajadas, que en medio de todo era una ventaja, pues no podÃan calcularse siquiera los miles y centenares de miles de libras que usted darÃa, caso que las tuviera, a trueque de saber quién era ese perro de aguas de dos patas que tan misericordiosamente habÃan recogido.
—¿Pero es su intención decirme que aquel hombre hablaba en serio? —preguntó Rosa poniéndose pálida.
—Tan en serio como jamás se haya hablado en el mundo. Es hombre que nunca bromea cuando aborrece. Conozco a muchos otros que dicen cosas mil veces peores, pero yo prefiero oÃr a estos últimos cien veces que una sola a Monks. No puedo detenerme más tiempo; se me hace muy tarde, y necesito encontrarme en casa sin que nadie sospeche que he salido. Me voy al instante.