Oliver Twist
Oliver Twist —¿Por qué habÃa de serlo? —preguntó Rosa.
—Nada podrÃa salvarle —respondió Anita—. Si a otros dijera yo lo que a usted acabo de decirle, si descubriera el lugar donde se encuentra, morirÃa indefectiblemente. Es el más… resuelto, y ha cometido muchos horrores.
—¿Es posible que por un hombre asà renuncie usted a la esperanza de una vida mejor y a la certeza de verse libre inmediatamente? ¡Es una locura; perdone que se lo diga!
—Yo no sé si es o no locura; lo que sà aseguro es que asà es, y que no soy yo sola la que asà procedo, sino muchos cientos de otras tan malas y tan desdichadas como yo. Necesito volver a casa, y me vuelvo. Quizá sea un castigo de Dios por las malas acciones que he cometido; pero es lo cierto que ese hombre me atrae, a pesar de las crueldades, a pesar de los malos tratos de que me hace objeto, y volverÃa con toda seguridad a su lado, aun cuando supiese que habÃa de morir a sus manos.
—¿Qué hacer? —exclamó Rosa—. Creo que no deberÃa dejarla marchar.
—SÃ, señorita. Debe usted dejarme marchar —replicó Anita levantándose—. Me parece que serÃa injusta si pusiera obstáculos a la marcha de la que ha venido aquà confiada en su bondad, y le ha hecho revelaciones graves sin exigirle promesa alguna, como hubiera podido hacerlo.