Oliver Twist
Oliver Twist —No te apures, Bates, que todo se sabrá. Ten por seguro que la publicidad que deseas será un hecho. El mundo entero tendrá noticia de su ingenio, quedará persuadido de su talento sin rival. Nuestro mismo amigo se encargará de ello, y si lo perdemos, no será sin que quedemos cubiertos de gloria los que hemos tenido la honra de ser sus compañeros y maestros. ¡Y tan joven, Carlos! ¿Puede caber mayor gloria que ser enviado a sus años al templo del que no se vuelve?
—Es un honor inmenso; no puedo negarlo —contestó Bates.
—Tendrá cuanto le haga falta, estará como el pez en el agua, vivirá en aquel palacio, que los necios llaman presidio, como un caballero; sÃ, como un caballero, sin que le falte la cerveza todos los dÃas, ni dinero en el bolsillo por si se le ocurre jugar con sus dignos compañeros a cara o cruz.
—¡Oh! ¿De veras? —gritó entusiasmado Bates.
—Todo eso tendrá, aparte de que le nombraremos un abogado de talla para que se encargue de su defensa, y hasta él mismo, nuestro buen amigo el Truhán, podrá pronunciar un discurso, si tal es su deseo, discurso que publicarán todos los periódicos, diciendo entre otras cosas: «Tiene la palabra el Truhán… risas… aullidos… Convulsión en los individuos del tribunal…» ¿Qué te parece, Carlos?