Oliver Twist
Oliver Twist —¡Ja, ja, ja! ¡La verdad es que podrÃa ser gracioso! …
—¿Cómo, podrÃa? Lo será, no te quepa duda, lo será!
—Es verdad. Lo será —repitió Bates, frotándose las manos de gusto.
—Me parece que lo estoy viendo y oyendo ya —repuso FajÃn.
—¡Y yo! —exclamó Bates—. ¡Ja, ja, ja, ja! Lo veo como si en este momento lo tuviera delante de los ojos. FajÃn, ¡palabra de honor! ¡Por mi vida que será chusco el lance!… ¡Ya lo creo! ¡El señor Truhán dirigiendo la palabra a aquella cuadrilla de empelucados, graves como figurones de madera, con la misma tranquilidad y sangre frÃa que si fuera hijo querido del presidente del Tribunal Supremo a quien se le ocurre soltar un discurso después de un banquete opÃparo… ¡Ja, ja, ja, ja!
A decir verdad, de tal manera habÃa alentado el judÃo el carácter excéntrico de su discÃpulo, que éste, que al principio veÃa en el Truhán una vÃctima digna de lástima, considerábale ahora como personaje principal en la representación escénica de una obra humorÃstica por antonomasia, y sentÃa viva impaciencia porque llegase el momento en que su antiguo compañero tuviera ocasión de desplegar sus excepcionales facultades intelectuales.