Oliver Twist
Oliver Twist —Será preciso que hoy mismo tengamos noticias suyas… —observó FajÃn—. Habrá que idear un medio… dejadme meditar…
—¿Quiere usted que vaya yo? —preguntó Bates.
—¡Por nada del mundo! —respondió el judÃo—. ¿Estás loco, Carlos, loco de remate? Únicamente asà se concibe que se te ocurra la idea descabellada de meterte tu mismo en… ¡No, Carlos, no! ¡Basta con ir perdiendo uno a uno los brazos!
—Lo digo porque supongo que tampoco pensará ir usted —repuso Bates con cierta expresión irónica.
—Tampoco es prudente, a mi juicio —contestó FajÃn.
—Entonces, ¿por qué no envÃa a nuevo afiliado? —preguntó Bates, poniendo su mano sobre el hombro, de Noé—. Nadie le conoce.
—Si él quisiera —observó FajÃn.
—¿Cómo si quisiera? ¿Por qué no ha de querer?
—En realidad no hay motivos para que no quiera, amigo mÃo —dijo el judÃo, volviéndose hacia Bolter—. Ninguno absolutamente.
—Me permitirá que le haga observar —contestó Noé, moviendo la cabeza con expresión de alarma—, que sà los hay. Por lo pronto, ese asunto no es de mi negociado.