Oliver Twist
Oliver Twist —Pronto se te concederán cuantos privilegios te son debidos —observó el carcelero—. Podrás saborearlos… hasta con su poquito de sal y pimienta.
—¡Veremos la cara que pondrá el Ministro de Gracia y justicia cuando sepa lo que hacen conmigo! —exclamó el Truhán— ¿De qué se trata? Yo agradeceré a los magistrados que despachen pronto este asuntillo y no me hagan perder un tiempo precioso, que necesito para mis asuntos, entreteniéndose en leer el periódico. En la ciudad me espera un caballero con quién tengo una cita pendiente, y como me precio de ser hombre de palabra y muy puntual en asuntos de negocios, se irá, si no llego a la hora convenida, en cuyo caso, entablaré acción reclamando daños y perjuicios contra los que hayan sido causa de mi demora.
Terminó su discurso el Truhán preguntando al carcelero los nombres «de los dos avechuchos que veÃa en la mesa del tribunal», palabras que excitaron tal hilaridad en el auditorio, que las risotadas es probable que llegaran hasta los oÃdos de Carlos Bates, aunque entre el juzgado y el lugar, donde esperaba a Noé mediaba una distancia más que regular.
—¡Silencio! —rugió el carcelero.
—¿De qué se le acusa? —preguntó uno de los magistrados.
—De aligerar bolsillos ajenos, señorÃa.