Oliver Twist
Oliver Twist —¡Gracias al diablo que hablas con seso una vez! —gruñó Sikes—. Es lástima, no hay duda, pues hoy me encuentro con verdaderas ganas de trabajar.
Suspiró el judÃo y movió melancólico la cabeza.
—Fuerza será que nos desquitemos en la primera oportunidad —dijo Sikes—. No puede decir más.
—Asà se habla, amigo mÃo —contestó el judÃo, tomándose la libertad de poner una de sus manos sobre el hombro de Sikes—. Me entusiasma que un hombre se explique de ese modo.
—Te entusiasma, ¿eh? ¡Vaya! ¡me alegro!
—¡Ja, ja, ja, ja! Hace tiempo que no le veÃa tan en su centro como esta noche, Guillermo.
—Pero me vas a sacar de mis casillas si continúas apoyando sobre mi hombro esa garra de demonio que me gastas, zorro viejo. ¡RetÃrala, retÃrala! —terminó, sacudiéndosela de una manotada.
—¿Le pone nervioso, Guillermo, eh? ¿Le produce una impresión asà como sà le agarraran por el pescuezo —preguntó riendo el judÃo, empeñado en no darse por ofendido.