Oliver Twist
Oliver Twist —Me produce la impresión de que me agarra el mismÃsimo demonio. A decir verdad, en mi vida vi hombre de catadura más siniestra que la tuya, y hasta dudo mucho que haya existido, como no fuera tu padre, quien seguramente arderá en este instante en los infiernos, si es que has tenido padre, pues no me sorprenderÃa poco ni mucho que descendieras directamente del diablo y no tuvieras nada de común con la raza humana.
En vez de contestar FajÃn a tan graciosos cumplimientos, tiró por las y le señaló con la manga a Sikes Ãndice a Anita, que se habÃa aprovechado del diálogo que dejamos transcrito para ponerse el sombrero, y en aquel momento se encaminaba hacia la puerta.
—¡Eh, Anita! —gritó Sikes—. ¿Adónde diablos vas a estas horas?
—No lejos de aquÃ.
—¿Qué contestación es ésa? —replicó Sikes—. ¿Adónde vas?
—Ya lo he dicho: no lejos de aquÃ.
—¡Y yo he preguntado que dónde! —insistió Sikes con acento feroz—. ¿Has oÃdo?
—No puedo decirte adónde, porque no lo sé.
—Entonces, te lo diré yo —repuso Sikes—, más irritado por la obstinación de la joven que porque le importara que aquélla se fuera a la calle, si tal era su deseo—. ¡No vas a ninguna parte, ea! ¡Siéntate!