Oliver Twist
Oliver Twist Encierran las tiendas las provisiones más baratas y menos delicadas: penden de la puerta del tendero, de las fachadas de las casas y de las ventanas los tejidos más burdos y ordinarios y las ropas menos conformes con las exigencias de la moda. El que penetra por aquel lugar, ha de pasar entre apiñados grupos de obreros sin trabajo, cargadores de lastre, descargadores de carbón, ha de codearse con turbas de mujeres desvergonzadas, con ejércitos de muchachos harapientos, con la escoria, la hez de la playa, ha de cerrar los ojos a espectáculos nauseabundos, y la nariz a miasmas de corrompidos, y los oÃdos al estruendo ensordecedor que producen los millares de carros que cruzan por todas partes, transportando pesadas mercancÃas desde los almacenes a los barcos, o desde éstos a aquéllos. Cuando al fin llega a calles más distanciadas y menos transitadas que las que acaba de dejar a sus espaldas, encuentra el visitante edificios que se sostienen de milagro, casas desmanteladas, paredes que amenazan caer sobre su cabeza, chimeneas medio derruidas, ventanas defendidas con barrotes de hierro enmohecido, más que enmohecido, comido por la herrumbre, y todas las caracterÃsticas de la desolación y del abandono.