Oliver Twist
Oliver Twist Que el ejemplo de aquellas buenas gentes moviera a Oliver a la resignación, es lo que no me atreveré a asegurar en mi calidad de biógrafo; lo que sí afirmaré categóricamente es que nuestro joven continuó por espacio de varios meses soportando sumiso la dominación y los malos tratos de Noé Claypole, quien comido por la envidia que le produjera ver al nuevo aprendiz luciendo hermoso sombrero adornado con gasa y empuñando lujoso bastón negro, mientras él, con toda la antigüedad que en la casa llevaba, lucía su raída capa y sus calzones de cuero, le pegaba cada vez con más furia y cada día con mayor frecuencia. La criada Carlota, émula de Noé, le sacudía de lo lindo, al paso que la señora Sowerberry era su enemiga encarnizada, sencillamente porque su marido se sentía inclinado a ser su amigo. Comprenderán los lectores que Oliver, atormentado por un lado por la terrible coalición indicada, y disgustado y cansado de funerales y enterramientos por otro, no podía estar, ni con mucho, tan contento como un cerdo encerrado por equivocación en un granero.
Y héteme en un incidente de la vida de Oliver, incidente que no puedo pasar en silencio aunque a primera vista acaso parezca frívolo y sin importancia, sencillamente porque, aun cuando en forma indirecta, determinó un cambio radical en el porvenir de nuestro héroe.