Oliver Twist
Oliver Twist HabÃan bajado un dÃa Oliver y Noé a la cocina a la hora corriente de comer, dispuestos a regalarse con una buena tajada de carnero (sobre libra y media de la porción extrema del cuello), cuando la salida de Carlota sugirió a Noé Claypole, muchacho de malos instintos y por añadidura hambriento, la idea de pasar un buen rato a costa de Oliver.
Dio comienzo a la inocente distracción poniendo los pies sobre el mantel de la mesa, la continuó tirando del cabello a Oliver, pellizcándole las orejas y llamándole «espurio vil», y terminó manifestándole que era su deseo y su intención ir a verle ahorcar el dÃa, no lejano, que tuviera lugar tan fausto acontecimiento. No se contentó con tan poco, sino que, como sujeto ruin y de maliciosos instintos que era, tocó varios otros temas, a cual más mortificantes y depresivos para Oliver. Mas como no consiguiera el efecto que apetecÃa, que era hacer llorar a Oliver, Noé intentó echárselas de gracioso, y en su intento, semejante a tantos otros de corto ingenio, aunque desde luego más listos que Noé, queriendo caer en gracia, recurrió a las personalidades.
—¡Hola, bastardo! —exclamó— ¿Cómo está tu madre?
—Ha muerto —contestó Oliver—. Suplico a usted que no me hable de ella.