Oliver Twist
Oliver Twist Coloreáronse las mejillas de Oliver al contestar; su respiración se hizo rápida y entrecortada, contrajéronse sus labios y se agitaron en temblor convulsivo las ventanas de su nariz, y Claypole, creyendo que todos esos sÃntomas eran de llanto, volvió a la carga.
—¿De qué enfermedad murió tu madre, borde? —preguntó.
—De desesperación, según me han dicho —contestó Oliver como hablando consigo mismo—. De una enfermedad que creo conocer bien.
—¡Tra-la-rala-ra!
Viendo Noé que por las mejillas de Oliver se deslizaba una lágrima silenciosa, añadió:
—¿Qué lloriqueas, expósito? ¿Quién te hace llorar ahora?
—¡Seguramente no es usted el que me hace llorar! —replicó Oliver, secándose vivamente la lágrima—. Si se lo ha creÃdo, se engaña.
—Conque no soy yo, ¿eh? —preguntó con sorna Noé.
—¡No! ¡No lo es! —dijo secamente Oliver—. ¡Y no hablemos más! Lo mejor que usted puede hacer, es no nombrar a mi madre.
—¡Lo mejor que puedo hacer! —exclamó Noé—. Lo mejor ¿eh?