Oliver Twist
Oliver Twist Mira; no me vengas con insolencias, vil expósito. Tengo entendido que tu madre fue una mujer muy hermosa y…
Terminó la frase con un movimiento muy expresivo de cabeza y frunciendo su colorada nariz cuanto le fue posible.
Envalentonado al observar el silencio de Oliver, continuó hablando con tono de burlona lástima, ese tono que tanto molesta.
—Bien sabes, mi pobre expósito —dijo—, bien sabes que… ¡Claro! La cosa no tiene ya remedio hoy, ni lo tenÃa entonces, lo que siento muy de veras, como todos lo sienten; pero no se puede negar que tu madre fue una… meretriz de tomo y lomo.
—¿Una qué? —preguntó Oliver irguiendo la cabeza.
—Una meretriz, una ramera de las más viles —repitió Noé con entonación glacial—. Preferible es que muriera cuando murió, pues de haber seguido en el mundo, o estarÃa en presidio, o la habrÃan deportado o ahorcado. Esto último es lo más probable.
Rojo de cólera, ardiendo en ira, Oliver dio un salto prodigioso, que derribó la silla y la mesa, y agarrando a Noé por la garganta, le sacudió con vigor y fiereza espantosos. Castañeteaban sus dientes y sus ojos amenazaban salirse de sus cuencas mientras pugnaba por tender en tierra a su enemigo, lo que consiguió al fin.