Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Al momento apareció un muchacho joven y fornido, con un rostro enrojecido y redondeado, una mata corta de pelo de tono arenoso, una boca amplia y risueña y una nariz chata. VestÃa un chaleco de manga ancha con lÃneas violetas, adornado con botones de nácar. ParecÃa como si el chaleco le hubiese crecido encima de la piel; es más, para comportarse con cierta justicia con el resto de miembros de su persona, daba la impresión de que el chaleco fuera también a terminar por cubrir su cabeza y sus botas, si antes no se le ponÃa coto.
—Este caballero desea saber —dijo el posadero— si alguien ha visto algo extraño en «Los Chopos».
—SÃ, una mujer encapuchada. Y algo que hacÃa «buu», «buu» —fue la rápida respuesta de Ikey.
—¿Quieres decir un aullido fantasmal?
—Quiero decir un pájaro, señor.
—¡Ah! Una mujer encapuchada con un búho. ¡Dios mÃo! ¿Y tú la has visto alguna vez?
—He visto al búho.
—¿Nunca has visto a la mujer?
—No tan claramente como he visto al búho. Pero siempre van juntos.
—¿Ha visto alguien a la mujer con tanta claridad como al pájaro?
—¡Dios bendito, señor! ¡Muchos la han visto!
—¿Quiénes?
—¡Dios bendito, señor! ¡Muchos!