Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —¿Quiénes, por ejemplo? ¿El comerciante de enfrente, ese que está a punto de abrir la tienda?
—¿Perkins? Bendito sea, señor. Perkins no se acercarÃa por la casa tal que anochezca. ¡No! —explicó el joven con considerable arrojo—; no es que Perkins sea muy listo, pero no es lo suficientemente estúpido como para hacer eso.
(En aquel momento el posadero dijo entre dientes que, por la cuenta que le traÃa, confiaba en que Perkins fuera inteligente).
—¿Quién es, o en todo caso quién era, la mujer encapuchada del búho? ¿Lo saben ustedes?
—¡Bueno! —explicó Ikey, agarrando su gorra con una mano mientras se rascaba la cabeza con la otra—. Dicen por ahà que fue asesinada, y que el búho, desde entonces, no hace más que ulular, y ulular.