Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Pues bien, daba la casualidad de que el autor había cenado la noche anterior con su amigo Clarkins —de quien pueden pedirse puntuales referencias en el Boletín Oficial de la Prensa—, y durante aquella cena se había debatido el tema de los espíritus bajo diversas ópticas y perspectivas. El autor también recordaba que tanto Clarkins Sénior como Clarkins Júnior habían participado muy activamente en la discusión, e incluso terminaron por imponérsela a sus acompañantes. También la señora Clarkins se sumó animadamente al debate, e hizo la observación (cuando menos «alegre» si es que no fue abiertamente «extravagante») de que aquello ocurría «sólo una vez al año».
Convencido, por aquellas señales, de que el golpeteo era de cariz espiritual, el autor procedió como sigue: «¿Quién es usted?».
Los golpecitos en la frente se habían reanudado, aunque de manera más incoherente. Durante un cierto tiempo fue imposible entender lo que decían. Tras una pausa, el autor —apoyando su cabeza en la almohada— repitió la pregunta con una voz solemne acompañada por un gemido:
«¿Quién es usted?».
Como respuesta, recibió de nuevo una serie completa de golpeteos incoherentes.
Entonces, volvió a preguntar con la misma solemnidad de antes y con otro gemido: