Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas «¿Cómo se llama?».
La respuesta le llegó bajo la forma de un sonido que se asemejaba con meridiana exactitud a un fuerte hipido. Más tarde se supo que aquella voz espiritual fue claramente escuchada por Alexander Pumpion, su asistente —y séptimo hijo de la señora viuda de Pumpion, lavandera—, en un despacho contiguo al suyo.
Pregunta: «¿Se llama usted Hipo? Hipo no es un nombre adecuado».
Al no recibir respuesta, el autor dijo: «¡Le conmino solemnemente, por nuestro conocido común Clarkins, el médium —Clarkins Sénior, Júnior y señora—, a que me revele su nombre!».
La respuesta, transmitida mediante golpecitos extremadamente desganados, fue: «Zumo de Endrinas, Campeche, Zarzamora».
Al autor esto le recordaba en cierto modo a una parodia sobre Tela de Araña, Polilla y Semilla de Mostaza, en El sueño de una noche de verano; para justificar aquella réplica, preguntó: «¿Ése no será su nombre, verdad?».
El espíritu de los golpecitos admitió: «No».
«Entonces, ¿con qué nombre se le conoce normalmente?».
Pausa.
«Vuelvo a preguntarle: ¿con qué nombre se le conoce normalmente?».