Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas —Fue seccionado en dos por una locomotora, señor. Ningún hombre en Inglaterra conocía mejor su oficio. Pero por algún motivo, cuando el tren pasó estaba en mitad del raíl exterior. Ocurrió, además, en pleno día. Había encendido la luz y llevaba la lámpara en la mano. Se encontraba de espaldas al túnel cuando la locomotora salió y lo arrolló. Ese es el hombre que conducía el tren. Nos estaba enseñando cómo sucedió todo. Cuéntaselo al caballero, Tom.
El hombre, que estaba vestido con un burdo mono oscuro, se colocó de nuevo en el mismo lugar, a la entrada del túnel.
—Al torcer en la curva del túnel, señor —dijo él—, le vi al fondo, como por un catalejo. No había tiempo de reducir la velocidad, aunque yo sabía que él era muy precavido. Como no parecía hacer caso del silbato, dejé de tocarlo cuando nos aproximábamos hacia él y traté de llamar su atención gritándole tanto como pude.
—¿Qué es lo que le dijo?
—Le grité: «¡Allí abajo! ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Por Dios santo, apártese!». ¡Uf! Fue un momento terrible, señor. No dejé de gritarle ni un momento. Me cubrí los ojos con el brazo para no verlo y agité el otro brazo todo cuanto pude, pero fue inútil.