Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas (PARA TOMAR CON UN PELLIZCO DE SAL)
Siempre he observado que se requiere una fuerte dosis de coraje, incluso entre las personas de mayor inteligencia y cultura, cuando de lo que se trata es de compartir las propias experiencias psicológicas, especialmente si éstas adoptan un cariz extraño. La práctica totalidad de los hombres temen que aquello que pudiesen relatar a ese respecto no hallase paralelismo o respuesta alguna en la vida de su interlocutor, y su relato pudiese provocar suspicacias o risas. Un viajero digno de confianza que por azar hubiese avistado alguna criatura extraordinaria con apariencia de serpiente marina, no tendría reparos en mencionar su experiencia; pero ése mismo viajero, habiendo tenido algún presentimiento singular, un impulso, un pensamiento peregrino, una visión (por llamarlo así), un sueño o cualquier otro tipo de impresión mental destacable, dudaría considerablemente antes de confiarle a nadie sus pensamientos. A esta reticencia atribuyo buena parte del desconocimiento que implican tales asuntos. No solemos comunicar nuestras experiencias sobre estas cosas tan subjetivas del modo en que lo hacemos con nuestras experiencias creativas más objetivas. Como consecuencia de ello, la mayor parte de lo acontecido en este aspecto aparece como excepcional, y en realidad lo es, por cuanto resulta tristemente imperfecto.