Para leer al anochecer. Historias de fantasmas
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas Soy soltero, y mi mayordomo y su esposa son todo cuanto tengo. Estoy empleado en cierta sucursal bancaria y desearía que mis obligaciones como jefe de departamento fuesen tan livianas como la gente supone. Aquel otoño, mis deberes me retuvieron en la ciudad cuando lo que en realidad necesitaba yo era un cambio. No me encontraba enfermo, pero he de decir que tampoco estaba bien del todo. El lector puede sacar las conclusiones que se le antojen respecto al profundo hastío que me embargaba, o albergar quizás un leve sentimiento de depresión al constatar la monótona vida que llevaba por entonces, empeorada por el hecho de que en esos momentos me hallara «ligeramente dispéptico», según afirmaba mi doctor, hombre de renombrado prestigio, quien me ha asegurado que mi verdadero estado de salud en aquel momento no merecía otra descripción más severa, siendo a él mismo a quien cito según la nota con que respondió a mi consulta.