Tiempos difíciles
Tiempos difíciles Igual en presencia de su hermana que después que ésta se retiró de la habitación, el mequetrefe no disimuló el desprecio que sentía por el señor Bounderby, haciendo visajes y guiñando un ojo cuantas veces pudo hacerlo sin que lo advirtiese aquel hombre independiente. El señor Harthouse no se dio por enterado de aquellos mensajes telegráficos, pero hizo cuanto pudo por animarle a ellos y le demostró una simpatía extraordinaria. Por último, al ponerse en pie para regresar al hotel y mostrar inseguridad en si acertaría de noche por el camino, el mequetrefe ofreció en el acto sus servicios como guía y salió con él para acompañarle hasta su destino.