Esperando al diluvio
Esperando al diluvio La policía local no le ofrece ayuda. “Este no es tu caso” , le dicen. Pero Noah ya ha aprendido que las normas no importan cuando la muerte camina suelta.
Se instala en una pensión barata y empieza a buscar. Las pistas son pocas, pero todas conducen a la misma conclusión: John Biblia sigue aquí. Lo han visto en bares de música en vivo, siempre acechando en las sombras, siempre con una copa en la mano, siempre esperando a la mujer adecuada.
Y entonces, otra mujer muere .
La noticia aparece en los periódicos locales al amanecer. Un callejón. Un cuerpo estrangulado. Sin señales de abuso. Noah siente que la adrenalina le golpea el pecho con violencia. Es él. No puede haber dudas.
Corre hasta la escena del crimen. La policía española ya ha acordonado la zona, pero Noah no se detiene. Se mete entre los agentes, se acerca al cuerpo. No es su jurisdicción, pero no le importa. Lo que ve le revuelve el estómago:
La misma frialdad. La misma precisión. El mismo John Biblia.
Noah aprieta los puños. Su corazón late desbocado, su cuerpo le avisa del peligro, pero ignora la advertencia. Está cerca. Lo siente.
