Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH El silencio se extendió como una manta pesada. Nash sostuvo la respiración, escuchando el goteo del agua que resonaba en las paredes, hasta que un sonido débil, como un susurro, llegó desde la profundidad de la caverna. Era apenas perceptible, pero inconfundible: una voz que parecía no pertenecer a nadie.
—¿Quién está ahí? —preguntó Nash, su voz firme aunque sentía el corazón golpeando con fuerza en el pecho.
La respuesta fue un eco vacío que devolvió la misma pregunta, distorsionada y siniestra. Gabriel sacó su linterna y enfocó el túnel más profundo, pero no había nada allí.
—Esto no me gusta, Nash. Salgamos de aquí. Ahora —dijo Gabriel. —Todavía no. Hay algo aquí que necesitamos encontrar —respondió ella.
El equipo continuó avanzando, aunque el ambiente era insoportablemente opresivo. Fue entonces cuando encontraron un objeto que heló la sangre de todos: un collar de cuentas, aún intacto, que reconocieron de inmediato. Era de Andrea Dancur.
—Esto no tiene sentido. Si su cuerpo estaba en la entrada de la sima, ¿cómo llegó esto aquí? —preguntó Gabriel, confundido. —Tal vez ella no estaba sola —dijo Nash, apenas susurrando.