Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH Nash asintió, su linterna apuntando hacia el fondo donde un bulto inerte descansaba entre las sombras. A simple vista, parecÃa un cadáver de animal, pero algo en la forma en que estaba colocado sugerÃa algo más. Bajaron con cautela, sus botas chocando contra el terreno irregular.
El descubrimiento fue como un golpe seco al estómago: el cuerpo de Andrea Dancur, una joven desaparecida hacÃa tres años. Su ropa estaba raÃda, el cabello adherido al rostro en mechones secos, pero su postura, con los brazos cruzados y algo que parecÃa un papel arrugado en la mano, era casi... deliberada.
—¿Es ella? —susurró Gabriel, como si hablar en voz alta fuera a despertar a algo en la oscuridad. Nash asintió, sus dedos temblorosos apuntando la linterna hacia el trozo de papel en la mano de la joven. Lo arrancó con cuidado, leyendo las palabras borrosas que parecÃan escritas con una prisa desesperada: "No soy la única."
El eco de esas palabras resonó en su mente mientras un escalofrÃo le recorrÃa la espalda. La sima de Legarrea habÃa guardado este secreto durante años, pero esa frase insinuaba que lo peor estaba por venir.
Al salir a la superficie, Nash miró al cielo encapotado. Su vida, su lógica implacable como psicóloga forense, estaba a punto de enfrentarse a algo que desafiaba todo lo que creÃa real.