Las que no duermen NASH
Las que no duermen NASH Un trueno resonó a lo lejos, como si la montaña misma anunciara que los secretos enterrados estaban por desenterrarse.
El cuerpo de Andrea Dancur no solo era una pista, sino una puerta abierta a un misterio más profundo y oscuro. Nash revisó una y otra vez el informe preliminar mientras el sonido de la lluvia sobre el techo del Land Rover marcaba un ritmo constante. HabÃan dejado atrás la sima, pero algo de ella parecÃa haberse aferrado a su mente. La nota, las condiciones del cuerpo y el simple hecho de que Andrea no deberÃa estar allà no dejaban de girar en su cabeza.
—No me lo creo —gruñó Xabier desde el asiento trasero, dejando caer el informe policial original con un golpe seco sobre la mesa portátil que habÃan desplegado en la base provisional. —¿Qué parte exactamente? —preguntó Nash sin apartar la mirada del monitor de su laptop. —Todo. Según esto, la mujer que está en prisión confesó el crimen. Cerraron el caso porque encajaba perfecto. Pero Andrea no deberÃa estar aquÃ.
