Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑He aquà su carta ‑dijo depositándola en la mesa‑. Lo que usted me dice en ella no es posible. Me deja usted entrever que mi hermano ha cometido un crimen. Sus insinuaciones son tan claras, que serÃa inútil que ahora tratase usted de recurrir a subterfugios. Le advierto que, antes de recibir lo que usted considera como una revelación, yo estaba enterada ya de este cuento absurdo, del que no creo ni una palabra. Es una suposición innoble y ridÃcula. Sé muy bien de dónde proceden esos rumores. Usted no puede tener ninguna prueba. En su carta me promete demostrarme la veracidad de sus palabras. Hable, pues. Pero sepa por anticipado que no le creo, no le creo en absoluto.
Dunetchka habÃa dicho esto precipitadamente, dominada por una emoción que tiñó de rojo su cara.
‑Si usted no lo creyera, no habrÃa venido aquÃ. Porque no creo que haya venido por simple curiosidad.
‑No me atormente: hable de una vez.