Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Al fin! ‑exclamó con voz alterada por la emoción‑. Perdóname, Rodia, que te reciba derramando lágrimas como una tonta. No creas que lloro: estas lágrimas son de alegrÃa. Te aseguro que no estoy triste, sino muy contenta, y cuando lo estoy no puedo evitar que los ojos se me llenen de lágrimas. Desde la muerte de tu padre, las derramo por cualquier cosa… Siéntate, hijo: estás fatigado. ¡Oh, cómo vas!
‑Es que ayer me mojé ‑dijo Raskolnikof.