Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Esto demuestra que no está cerrada con llave, sino con cerrojo. ¿Lo oye resonar cuando se mueve la puerta?
‑¿Y qué?
‑Pero ¿no comprende? Esto prueba que una de ellas está en la casa. Si hubieran salido las dos, habrÃan cerrado con llave por fuera; de ningún modo habrÃan podido echar el cerrojo por dentro… ¿Lo oye, lo oye? Hay que estar en casa para poder echar el cerrojo, ¿no comprende? En fin, que están y no quieren abrir.
‑¡SÃ! ¡Claro! ¡No cabe duda! ‑exclamó Koch, asombrado‑. Pero ¿qué demonio estarán haciendo?
Y empezó a sacudir la puerta furiosamente.
‑¡Déjelo! Es inútil ‑dijo el joven‑. Hay algo raro en todo esto. Ha llamado usted muchas veces, ha sacudido violentamente la puerta, y no abren. Esto puede significar que las dos están desvanecidas o…
‑¿O qué?
‑Lo mejor es que vayamos a avisar al portero para que vea lo que ocurre.
‑Buena idea.
Los dos se dispusieron a bajar.
‑No ‑dijo el joven‑; usted quédese aquÃ. Iré yo a buscar al portero.
‑¿Por qué he de quedarme?
‑Nunca se sabe lo que puede ocurrir.