Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Pero… ¿por qué le citaba la policÃa?
‑Debes tomar un poco de té. Voy a traértelo. ¿Quieres? Ha sobrado.
‑No, no quiero té ‑balbuceó‑. Voy a ver qué quiere la policÃa. Ahora mismo voy a presentarme.
‑¡Pero si no podrás ni bajar la escalera!
‑He dicho que voy.
‑Allá tú.
Salió detrás del portero. Inmediatamente, Raskolnikof se acercó a la ventana y examinó a la luz del dÃa los calcetines y los flecos.
«Las manchas están, pero apenas se ven: el barro y el roce de la bota las ha esfumado. El que no lo sepa, no las verá. Por lo tanto y afortunadamente, Nastasia no las ha podido ver: estaba demasiado lejos.»
Entonces abrió el pliego con mano temblorosa. Hubo de leerlo y releerlo varias veces para comprender lo que decÃa. Era una citación redactada en la forma corriente, en la que se le indicaba que debÃa presentarse aquel mismo dÃa, a las nueve y media, en la comisarÃa del distrito.
«¡Qué cosa más rara! ‑se dijo mientras se apoderaba de él una dolorosa ansiedad‑. No tengo nada que ver con la policÃa, y me cita precisamente hoy. ¡Señor, que termine esto cuanto antes!»