Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Iba a arrodillarse para rezar, pero, en vez de hacerlo, se echó a reÃr. No se reÃa de los rezos, sino de sà mismo. Empezó a vestirse rápidamente.
«Si he de morir, ¿qué le vamos a hacer?»
Y se dijo inmediatamente:
«He de ponerme los calcetines. El polvo de las calles cubrirá las manchas.»
Apenas se hubo puesto el calcetÃn ensangrentado, se lo quitó con un gesto de horror e inquietud. Pero en seguida recordó que no tenÃa otros, y se lo volvió a poner, echándose de nuevo a reÃr.
«¡Bah! esto no son más que prejuicios. Todo es relativo en este mundo: los hábitos, las apariencias… , todo, en fin.»
Sin embargo, temblaba de pies a cabeza.
«Ya está; ya lo tengo puesto y bien puesto.»
Pronto pasó de la hilaridad a la desesperación.
«¡Esto es superior a mis fuerzas!»
Las piernas le temblaban.
‑¿De miedo? ‑barbotó.
Todo le daba vueltas; le dolÃa la cabeza a consecuencia de la fiebre.