Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Ah, qué regimiento aquél! ‑exclamó Ilia Petrovitch, conmovido por los halagos de su jefe aunque seguÃa enojado.
Raskolnikof experimentó de súbito el deseo de decir a todos algo desagradable.
‑Escúcheme, capitán ‑dijo con la mayor desenvoltura, dirigiéndose al comisario‑. Póngase en mi lugar. Estoy dispuesto a presentarle mis excusas si en algo le he ofendido, pero hágase cargo: soy un estudiante enfermo y pobre, abrumado por la miseria ‑asà lo dijo: «abrumado»‑. Tuve que dejar la universidad, porque no podÃa atender a mis necesidades. Pero he de recibir dinero: me lo enviarán mi madre y mi hermana, que residen en el distrito de ***. Entonces pagaré. Mi patrona es una buena mujer, pero está tan indignada al ver que he perdido los alumnos que tenÃa y que no le pago desde hace cuatro meses, que ni siquiera me da mi ración de comida. En cuanto a su reclamación, no la comprendo. Me exige que le pague en seguida. ¿Acaso puedo hacerlo? Juzguen ustedes mismos.
‑Todo eso no nos incumbe ‑volvió a decir el secretario.
‑PermÃtame, permÃtame. Estoy completamente de acuerdo con usted, pero permÃtame que les dé ciertas explicaciones.