Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Raskolnikof seguía dirigiéndose al comisario y no al secretario. También procuraba atraerse la atención de Ilia Petrovitch, que, afectando una actitud desdeñosa, pretendía demostrarle que no le escuchaba, sino que estaba absorto en el examen de sus papeles.
‑Permítame explicarle que hace tres años, desde que llegué de mi provincia, soy huésped de esa señora, y que al principio… , no tengo por qué ocultarlo… , al principio le prometí casarme con su hija. Fue una promesa simplemente verbal. Yo no estaba enamorado, pero la muchacha no me disgustaba… Yo era entonces demasiado joven… Mi patrona me abrió un amplio crédito, y empecé a llevar una vida… No tenía la cabeza bien sentada.
‑Nadie le ha dicho que refiera esos detalles íntimos, señor ‑le interrumpió secamente Ilia Petrovitch, con una satisfacción mal disimulada‑. Además, no tenemos tiempo para escucharlos.
Para Raskolnikof fue muy difícil seguir hablando, pero lo hizo fogosamente.