Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑PermÃtame, permÃtame explicar, sólo a grandes rasgos, cómo ha ocurrido todo esto, aunque esté de acuerdo con usted en que mis palabras son inútiles… Hace un año murió del tifus la muchacha y yo seguà hospedándome en casa de la señora Zarnitzine. Y cuando mi patrona se trasladó a la casa donde ahora habita, me dijo amistosamente que tenÃa entera confianza en mÃ; pero que desearÃa que le firmase un pagaré de ciento quince rublos, cantidad que, según mis cálculos, le debÃa… PermÃtame… Ella me aseguró que, una vez en posesión del documento, seguirÃa concediéndome un crédito ilimitado y que jamás, jamás… , repito sus palabras… , pondrÃa el pagaré en circulación. Y ahora que no tengo lecciones ni dinero para comer, me exige que le pague… Es inexplicable.
‑Esos detalles patéticos no nos interesan, señor ‑dijo Ilia Petrovitch con ruda franqueza‑. Usted ha de limitarse a prestar la declaración y a firmar el compromiso escrito que se le exige. La historia de sus amores y todas esas tragedias y lugares comunes no nos conciernen en absoluto.
‑No hay que ser tan duro ‑murmuró el comisario, yendo a sentarse en su mesa y empezando a firmar papeles. ParecÃa un poco avergonzado.
‑Escriba usted ‑dijo el secretario a Raskolnikof.