Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Su madre empezó a escribirle antes de que yo me pusiera en camino. Ya en Petersburgo, he retrasado adrede unos cuantos dÃas mi visita para asegurarme de que usted estarÃa al corriente de todo. Y ahora veo, con la natural sorpresa…
‑Ya estoy enterado, ya estoy enterado ‑replicó de súbito Raskolnikof, cuyo semblante expresaba viva irritación‑. Es usted el novio, ¿verdad? Bien, pues ya ve que lo sé.
Piotr Petrovitch se sintió profundamente herido por la aspereza de Raskolnikof, pero no lo dejó entrever. Se preguntaba a qué obedecÃa aquella actitud. Hubo una pausa que duró no menos de un minuto. Raskolnikof, que para contestarle se habÃa vuelto ligeramente hacia él, empezó de súbito a examinarlo fijamente, con cierta curiosidad, como si no hubiese tenido todavÃa tiempo de verle o como si de pronto hubiese descubierto en él algo que le llamara la atención. Incluso se incorporó en el diván para poder observarlo mejor.