Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Acaso no es cierto ‑le interrumpió Raskolnikof con voz trémula de cólera, pero llena a la vez de un júbilo hostil‑ que usted dijo a su novia, en el momento en que acababa de aceptar su petición, que lo que más le complacÃa de ella era su pobreza, pues lo mejor es casarse con una mujer pobre para poder dominarla y recordarle el bien que se le ha hecho?
‑Pero… ‑exclamó Lujine, trastornado por la cólera‑. ¡Oh, qué modo de desnaturalizar mi pensamiento! Perdóneme, pero puedo asegurarle que las noticias que han llegado a usted sobre este punto no tienen la menor sombra de fundamento. Ya sé dónde está el origen del mal… Por lo menos, lo supongo… Se lo diré francamente. Me pareció que su madre, pese a sus excelentes prendas, poseÃa un espÃritu un tanto exaltado y propenso a las novelerÃas. Sin embargo, estaba muy lejos de creer que pudiera interpretar mis palabras con tanta inexactitud y que, al citarlas, alterase de tal modo su sentido. Además…
‑¡Óigame! ‑bramó el joven, levantando la cabeza de la almohada y fijando en Lujine una mirada ardiente‑. ¡Escuche!
‑Usted dirá.
Lujine pronunció estas palabras en un tono de reto. A ellas siguió un silencio que duró varios segundos.