Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Vaya un modo de conducirse! ‑dijo Rasumikhine al enfermo, sacudiendo la cabeza con un gesto de preocupación.
‑¡Déjame! ¡Dejadme todos! ‑gritó Raskolnikof en un arrebato de ira‑. ¿Me dejaréis de una vez, verdugos? No creáis que os temo. Ahora ya no temo a nadie, ¡a nadie! ¡Marchaos! ¡Quiero estar solo! ¿Lo oÃs? ¡Solo!
‑Vámonos ‑dijo Zosimof a Rasumikhine.
‑Pero ¿lo vamos a dejar as�
‑Vámonos.
Rasumikhine reflexionó un momento. Después siguió a Zosimof.
Cuando estuvieron en la escalera, el doctor dijo:
‑Si no le hubiésemos obedecido, habrÃa sido peor. No hay que irritarlo.
‑Pero ¿qué tiene?
‑Le convendrÃa una impresión fuerte que le sacara de sus pensamientos. Ahora habrÃa sido capaz de todo… Algo le preocupa profundamente. Es una obsesión que te corroe y te exaspera. Eso es lo que más me inquieta.