Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Quieres saberlo? Ven conmigo a la comisarÃa. Allà lo diré.
Los dos trabajadores se miraron con expresión interrogante.
‑Ya es hora de que nos vayamos ‑dijo el mayor‑. Incluso nos hemos retrasado. Vámonos, Aliochka. Tenemos que cerrar.
‑Entonces, vamos ‑dijo Raskolnikof con un gesto de indiferencia.
Fue el primero en salir. Después empezó a bajar lentamente la escalera.
‑¡Hola, portero! ‑exclamó cuando llegó a la entrada.
En la puerta habÃa varias personas mirando a la gente que pasaba: los dos porteros, una mujer, un burgués en bata y otros individuos. Raskolnikof se fue derecho a ellos.
‑¿Qué desea? ‑le preguntó uno de los porteros.
‑¿Has estado en la comisarÃa?
‑De allà vengo. ¿Qué desea usted?
‑¿Están todavÃa los empleados?
‑SÃ.
‑¿Está el ayudante del comisario?
‑Hace un momento estaba. Pero ¿qué desea?
Raskolnikof no contestó; quedó pensativo.