Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Ha venido a ver el piso ‑dijo el empapelador de más edad.
‑¿Qué piso?
‑El que nosotros estamos empapelando. Ha dicho que por qué han lavado la sangre, que allà se ha cometido un crimen y que él ha venido para alquilar una habitación. Casi rompe el cordón de la campanilla a fuerza de tirones. Después ha dicho: «Vamos a la comisarÃa; allà lo contaré todo.» Y ha bajado con nosotros.
El portero miró atentamente a Raskolnikof. En sus ojos habÃa una mezcla de curiosidad y recelo.
‑Bueno, pero ¿quién es usted?
‑Soy Rodion Romanovitch Raskolnikof, ex estudiante, y vivo en la calle vecina, edificio Schill, departamento catorce. Pregunta al portero: me conoce.
Raskolnikof hablaba con indiferencia y estaba pensativo. Miraba obstinadamente la oscura calle, y ni una sola vez dirigió la vista a su interlocutor.
‑Diga: ¿para qué ha subido al piso?
‑QuerÃa verlo.
‑Pero si en él no hay nada que ver…
‑Lo más prudente serÃa llevarlo a la comisarÃa ‑dijo de pronto el burgués.
Raskolnikof le miró por encima del hombro, lo observó atentamente y dijo, sin perder la calma ni salir de su indiferencia: