Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Pero una mirada dirigida a Dunia le hizo comprender que no debÃa continuar. Avdotia Romanovna miraba fijamente a su hermano y esperaba sus explicaciones. Las dos mujeres estaban enteradas del incidente por Nastasia, que lo habÃa contado a su modo, y se hallaban sumidas en una amarga perplejidad.
‑Dunia ‑dijo Raskolnikof, haciendo un gran esfuerzo‑, no quiero que se lleve a cabo ese matrimonio. Debes romper mañana mismo con Lujine y que no vuelva a hablarse de él.
‑¡Dios mÃo! ‑exclamó Pulqueria Alejandrovna.
‑Piensa lo que dices, Rodia; -replicó Avdotia Romanovna, con una cólera que consiguió ahogar en seguida‑. Sin duda, tu estado no lo permite… Estás fatigado ‑terminó con acento cariñoso.
‑¿Crees que deliro? No: tú te quieres casar con Lujine por mÃ. Y yo no acepto tu sacrificio. Por lo tanto, escrÃbele una carta diciéndole que rompes con él. Dámela a leer mañana, y asunto concluido.
‑Yo no puedo hacer eso ‑replicó la joven, ofendida‑. ¿Con qué derecho… ?
‑Tú también pierdes la calma, Dunetchka ‑dijo la madre, aterrada y tratando de hacer callar a su hija‑. Mañana hablaremos. Ahora lo que debemos hacer es marcharnos.