Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Vamos, mamá ‑dijo Avdotia Romanovna‑. Hará lo que dice. Es el salvador de Rodia, y si el doctor ha prometido pasar aquà la noche, ¿qué más podemos pedir?
‑¡Ah! Usted me comprende porque es un ángel ‑exclamó Rasumikhine en una explosión de entusiasmo‑. Vámonos. Nastasia, entra en la habitación con la luz y no te muevas de su lado. Dentro de un cuarto de hora estoy de vuelta.
Pulqueria Alejandrovna, aunque no del todo convencida, no hizo la menor objeción. Rasumikhine las cogió a las dos del brazo y se las llevó escaleras abajo. La madre de Rodia no estaba muy segura de que el joven cumpliera lo prometido. «Sin duda es listo y tiene buenos sentimientos. Pero ¿se puede confiar en la palabra de un hombre que se halla en semejante estado?