Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Se dio un puñetazo en la cabeza, apretó los dientes, cerró los ojos y se acodó en la mesa pesadamente. Poco después, su semblante se transformó y, mirando a Raskolnikof con una especie de malicia intencionada, de cinismo fingido, se echó a reír y exclamó:
‑Hoy he estado en casa de Sonia. He ido a pedirle dinero para beber. ¡Ja, ja, ja!
‑¿Y ella te lo ha dado? ‑preguntó uno de los que habían entrado últimamente, echándose también a reír.