Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Y a Porfirio.
‑¡Bah! No hay ningún mal en que Porfirio lo sepa.
‑Oye: ¿tienes alguna influencia sobre la madre y la hermana? HabrÃa que recomendarles que hoy fueran prudentes con él.
‑Ya se las arreglarán ‑repuso Rasumikhine, visiblemente contrariado.
‑¿Por qué atacarÃa tan furiosamente a ese Lujine? Es un hombre acomodado y que no parece desagradar a las mujeres… No andan bien de dinero, ¿verdad?
‑¡Esto es todo un interrogatorio! ‑exclamó Rasumikhine fuera de sÃ‑. ¿Cómo puedo yo saber lo que ellos tienen en el pensamiento? Pregúntaselo a ellas: tal vez te lo digan.
‑¡Qué arranques de brutalidad tienes a veces! Por lo visto, todavÃa no se te ha pasado del todo la borrachera. Adiós. Da las gracias de mi parte a Praskovia Pavlovna por su hospitalidad. Se ha encerrado en su habitación y no ha respondido a mis buenos dÃas. Esta mañana se ha levantado a las siete y ha hecho que le entraran el samovar al dormitorio. No he tenido el honor de verla.