Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Qué le ha dicho? ‑preguntaron las dos mujeres a la vez.
‑¡Oh! Nada de particular. Lo que he sabido es que ese matrimonio, que estaba irrevocablemente decidido y que sólo la muerte de la prometida pudo impedir, no era del agrado de la señora Zarnitzine… Supe, además, que la novia era una mujer fea y enfermiza… , una joven extraña, aunque dotada de ciertas prendas. Sin duda, las debÃa de poseer, pues, de otro modo, no se habrÃa comprendido que Rodia… Además, la muchacha no tenÃa dote… Sin embargo, él no se habrÃa casado por interés… Es muy difÃcil formular un juicio.
‑Estoy segura de que esa joven tenÃa alguna cualidad ‑observó lacónicamente Avdotia Romanovna.
‑Que Dios me perdone, pero me alegré de su muerte, pues no sé para cuál de los dos habrÃa sido más funesto ese matrimonio ‑dijo Pulqueria Alejandrovna.
Acto seguido, tÃmidamente, con visibles vacilaciones y dirigiendo furtivas miradas a Dunia, que no ocultaba su descontento, empezó a interrogar al joven sobre la escena que se habÃa desarrollado el dÃa anterior entre Rodia y Lujine. Este incidente parecÃa causarle profunda inquietud, e incluso verdadero terror.