Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Es muy posible que estéis los dos equivocados en vuestro juicio sobre Rodia ‑dijo Pulqueria Alejandrovna, un tanto ofendida‑. No hablo del presente, Dunetchka. Lo que Piotr Petrovitch nos dice en su carta y lo que tú y yo hemos sospechado acaso no sea verdad; pero usted, Dmitri Prokofitch, no puede imaginarse hasta qué extremo llega Rodia en sus fantasÃas y en sus caprichos… No he tenido con él un momento de tranquilidad, ni cuando era un chiquillo de quince años. TodavÃa le creo capaz de hacer algo que a nadie puede pasarle por la imaginación… Sin ir más lejos, hace año y medio me dio un disgusto de muerte con su decisión de casarse con la hija de su patrona, esa señora… , ¿cómo se llama… ?, Zarnitzine.
‑¿Conoce usted los detalles de esa historia? ‑preguntó Avdotia Romanovna.
‑¿Cree usted ‑continuó con vehemencia Pulqueria Alejandrovna‑ que habrÃan podido detenerle mis lágrimas, mis súplicas, mi falta de salud, mi muerte, nuestra miseria, en fin? No, él habrÃa pasado sobre todos los obstáculos con la mayor tranquilidad del mundo.
‑Él no me ha dicho ni una sola palabra sobre este asunto ‑dijo prudentemente Rasumikhine‑, pero yo he sabido algo por la viuda de Zarnitzine, la cual por cierto no es nada habladora. Y lo que esa señora me ha dicho es bastante extraño.