Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Nos ha dado usted ‑dijo Avdotia Romanovna con una sonrisa‑ interesantes detalles acerca del carácter de mi hermano, y lo ha hecho con toda imparcialidad. Eso está muy bien; pero yo creÃa que usted lo admiraba… Sin duda, como usted supone, debe de haber alguna mujer en todo esto ‑añadió, pensativa.
‑Yo no he dicho tal cosa… , aunque tal vez tenga usted razón. Sin embargo…
‑¿Qué?
‑Que él no ama a nadie y tal vez no sienta amor jamás ‑afirmó Rasumikhine.
‑Es decir, que lo considera usted incapaz de amar.
‑¿Sabe usted, Avdotia Romanovna, que se parece extraordinariamente, e incluso me atreverÃa a decir que en todo, a su hermano? ‑dijo Rasumikhine sin pensarlo.
Pero en seguida se acordó del juicio que acababa de expresar sobre tal hermano, y enrojeció hasta las orejas. La joven no pudo menos de echarse a reÃr al advertirlo.