Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Estoy incluso asombrado ‑dijo Zosimof alegremente, pues, en sus diez minutos de charla con el enfermo, éste habÃa llegado a desconcertarle con su lucidez‑. Si la cosa continúa asÃ, dentro de tres o cuatro dÃas estará curado por completo y habrá vuelto a su estado normal de un mes atrás… , o tal vez de dos o tres, pues hace mucho tiempo que llevaba la enfermedad en incubación… ¿No es asÃ? Confiéselo. Y confiese también que tenÃa algún motivo para estar enfermo ‑añadió con una prudente sonrisa, como si temiera irritarlo.
‑Es posible ‑respondió frÃamente Raskolnikof.
‑Digo esto ‑continuó Zosimof, cuya animación iba en aumento‑ porque su curación depende en gran parte de usted. Ahora que podemos hablar, desearÃa hacerle comprender que es indispensable que expulse usted, por decirlo asÃ, las causas principales del mal. Sólo procediendo de este modo podrá usted curarse; en el caso contrario, las cosas irán de mal en peor. Cuáles son esas causas, lo ignoro; pero usted debe conocerlas. Usted es un hombre inteligente y puede observarse a sà mismo. Me parece que el principio de su enfermedad coincide con el término de sus actividades universitarias. Usted no es de los que pueden vivir sin ocupación: usted necesita trabajar, tener un objetivo y perseguirlo tenazmente.