Crimen y Castigo
Crimen y Castigo De pronto se acordó de que Raskolnikof le habÃa anunciado su intención de ir a verla aquel mismo dÃa, y pensó que tal vez fuera aquella misma mañana.
‑Si al menos no viniera hoy… ‑murmuró, con el corazón palpitante como un niño asustado‑. ¡Señor! ¡Venir a mi casa, a mi habitación… ! Allà verá…
Iba demasiado preocupada para darse cuenta de que la seguÃa un desconocido.
En el momento en que Raskolnikof, Rasumikhine y Sonia se habÃan detenido ante la puerta de la casa, conversando, el desconocido pasó cerca de ellos y se estremeció al cazar al vuelo casualmente estas palabras de Sonia:
‑… he podido preguntar por el señor Raskolnikof.
Entonces dirigió a los tres, y especialmente a Raskolnikof, al que se habÃa dirigido Sonia, una rápida pero atenta mirada, y después levantó la vista y anotó el número de la casa. Hizo todo esto en un abrir y cerrar de ojos y de modo que no fue advertido por nadie. Luego se alejó y fue acortando el paso, como quien quiere dar tiempo a que otro lo alcance. HabÃa visto que Sonia se despedÃa de sus dos amigos y dedujo que se encaminarÃa a su casa.